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Por Alberto McClellan

Durante una campaña para alistar a cada miembro de la iglesia, un diácono tocó a la puerta de una viuda muy pobre. “Se supone que debo Invitarla a firmar una tarjeta de promesa para la iglesia, pero no creo que usted deba hacerlo,” le dijo.

“¿Por qué?” la mujer preguntó asombrada.

“Porque no tiene mucho dinero y usted lo necesita todo para usted misma,” replicó el diácono.

“Es verdad que tengo muy poco dinero,” contestó la viuda llorando quietamente. “Pero lo que tengo me ha venido de mi Padre celestial. No soy dueña de lo poco que poseo, pues lo debo a Dios. Puede ser que sea muy pobre, pero no soy demasiado pobre para diezmar. La gente nunca se empobrece tanto que no pueda diezmar.”

i Demasiado pobre para diezmar! A diferencia de la viuda, muchas personas creen sinceramente que la falta de mucho dinero los excusa de dar el diezmo. Puede ser que usted, lector, sea uno de ellos.

Puede ser que usted diga: “Oh, si, yo soy demasiado pobre para diezmar. Yo tengo mis deudas que pagar.” Es verdad que tiene usted deudas que pagar, pero, ¿con cuánto está endeudado con Dios? Más de lo que usted podrá jamás pagar. Y debe considerar sus deudas con Dios tan seriamente como considera sus deudas con sus semejantes. Su diezmo es una prenda de su deseo de pagar lo que debe al Señor. Es un reconocimiento de que usted es deudor y no dueño.

O bien puede ser que usted diga: “Tengo mi familia a la cual debo sostener. Soy demasiado pobre para diezmar.” Cierto, usted tiene que sustentar a su familia. Debe ofrecerles alimento y abrigo. Pero no olvide que debe brindarles también oportunidades de recibir bendiciones espirituales, y que éstas vienen sólo sobre aquellos que siguen el camino de Dios. El camino de Dios es el diezmo.

Además, debe usted evitar caer en el error de disfrazar los lujos como necesidades.

O puede ser que usted ofrezca esta excusa: “Dejemos a aquellos que tienen más dinero que yo la responsabilidad de sostener, de su abundancia, la iglesia. Realmente yo soy muy pobre para diezmar.” Si esto fuera así, las iglesias serían sólo para los acomodados. Nada está más lejos que esto de las enseñanzas del Nuevo Testamento. Dios tiene más interés en el desenvolvimiento de su carácter que de la cantidad que usted pueda dar. Un espíritu feo y egoísta puede desenvolverse tanto en el rico como en el pobre.

Puso en el plato cinco centavos;

Mansamente levantó sus ojos,

Bastante feliz de haber pagado

Su renta semanal del cielo.

Su dádiva es una especie de expresión de carácter que solamente usted puede ofrecer. Su dádiva puede ser pequeña, pero si es lo mejor que usted tiene, agradará a Dios, que es lo que verdaderamente cuenta.

Suponga que usted ofrece alguna de estas ex-cusas, ¿qué ha hecho en realidad? Sólo ha puesto de manifiesto lo que estaba en la superficie de su corazón. Su verdadera pobreza está mucho más adentro.

Primero, puede haber pobreza de devoción. Generalmente el hombre da a aquello que ama. El hombre que gasta excesivamente en si mismo está enamorado de sí mismo. ¿Ama usted la iglesia? ¿Ama usted al Salvador? ¿Ama usted Su Reino? Entonces usted, indudablemente, les dará algo. El amor se entrega todo. SI el amor de Dios dio al Salvador, y el amor de Cristo le dio a usted la salvación, entonces su amor, el amor suyo, después de haberle entregado toda su vida, no hallará que el diezmo sea cruz tan pesada que no pueda cargar. El camino más cierto para llegar a tener un carácter voluble e irresponsable es amar más el dinero que a Dios y a los demás. Ei diezmo es el antídoto contra el amor al dinero.

Segundo, puede haber pobreza de visión. La persona que se excusa diciendo “Soy demasiado pobre para diezmar” no se considera a si misma responsable del mundo. No comprende que Cristo estaba hablando de él cuando dijo, “Id por todo el mundo…” (Mateo 28:18), y que su única manera de ir es entregando su diezmo para que otros vayan en su lugar. Ni tampoco puede ver que cuando él diezma, aunque sea muy pobre, está haciendo tesoro en donde ni la polilla ni el orín corrompen y donde ladrones no minan ni hurtan.

Finalmente, puede haber pobreza de fé. Un creyente miedoso Jamás diezmará. Insiste en andar por vista. Las promesas del Señor no son reales para él, sino que desea verlas cumplidas antes de aventurarse. “Creéis en Dios, creed también en mi” (Juan 14:1). Note usted: “Creéis.” Si verdaderamente cree usted, entonces Dios es importante. La causa del Señor será su causa. Si usted cree de corazón no tendrá mucha dificultad para dar. La fe halla expresión en la dádiva.

Resuelva usted de una ve» y para siempre no volver a ofrecer la pobreza como excusa para diezmar.

Si quieres ser menesteroso, acumula;

Si deseas ser pobre, sé avaro;

Pero si quieres abundancia, desparrama:

Y si anhelas ser rico, da.

Y permita usted que toda su dádiva sea por amor de Cristo. El es el mayor Dador de todos. “Porque ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Cor. 8:9).